martes, 19 de febrero de 2008

Amanece

La luz del día amenaza de la peor manera: tranquila, sutil. Y el rumor de la noche eterna se rompe en amarga mañana que, sin remordimientos, marca el final de nuestro abrazo. Intento aferrarme, mientras aparece con fuerza el primer desgarro, y una lágrima tibia se desliza entre tus sábanas. Y luego otra. Y otra. Intento detenerlo, pero el llanto es mudo e inevitable. Entonces tu voz intenta un consuelo, pero el momento está muriendo ya, y el vaho oscuro de la despedida invade lo que queda de aire, llevándoselo todo.

jueves, 24 de enero de 2008

Dulcísimo adiós

Odioso desconsuelo,
la ciudad sigue viviendo,

caliente, febril.

Tu olor en mi piel

me abraza, cálido,

envolviéndome poco a poco

con tu ausencia.

Dulcísimo sabor el de tu adiós.
Todo fue perfecto,
hasta la última lágrima.
Mi cara se descompone,
mi pecho
te sigue llamando.
Mi lengua
se esconde,
dormida,
no entiende el sinsentido.
Afuera sigue el sol en lo alto.
Acá,
el vacío inmenso de este no lugar,
de esta bronca incontrolable
de no poder retenerte,
de tener que decirte adiós,
sabiéndote en este mundo,
extrañándote desde los ojos
hasta las vísceras,
desde el mismísimo instante
del primer paso sin vos.

Finísimos hilos

Son como pequeñísimos desgarros que empiezan en el pecho, pero por dentro. Finísimos hilos de fuego, que van curtiendo, desde el centro, los pulmones, la pleura, los huesos, la piel. El dolor quiere escapar por cada poro, pero encuentra resistencia, se recicla, y circula por la piel, furioso, intentando salir. Un intenso abrazo de ausencia se aferra a mi cintura, y presiona... presiona. No deja escape. Sube hasta el cuello, y en la garganta se vuelve congoja, y no me deja respirar. La espalda se vuelve de piedra, conteniendo el cuerpo sangrante. Las piernas no responden, lloran ellas también la desasón inhalada en ese último hálito de frescura.

lunes, 21 de enero de 2008

Que vengan nomás

¡Vendrán a decirme que baje los piés! Me dirán que él es muy joven para mí, que volver a casa en tren a la noche es demasiado peligroso para una chica. Dirán también que no son horarios para andar por aquella zona, y que estoy muy grande para estar jugando en el cordón de la vereda. ¡Psst, si te viera tu abuela! Qué mal que te quedan las malas palabras, con esa boquita, habráse visto. Vendrán a decirme que ya no estoy para correr por la calle descalza. ¡Que esos colores no combinan, que ese pullover ya está muy viejo! Y yo le diré al viento, hermano, que ya no tengo oídos para tantas pavadas...

lunes, 17 de diciembre de 2007

Retro-spección

¿Cómo se llama cuando uno vuelve a leer esos textos escritos hace años, y es como si los hubiera gestado hace minutos? ¿Empecinamiento? ¿Coherencia interna?

Sin querer vuelvo a pensarte, mientras la casa se refresca con la lluvia sucia. Me fascino con la vida y sus historias. La felicidad es un instante, esa nota que es la nota, el grito de quien canta y descarga nuestra emoción. Las palabras se esconden porque lo que hay que decir les queda grande. Para eso el cine. Por eso la música, el momento, la compañía. Me convertí. Ahora hablo en vez de callar. Me reconcilio. Busco el camino para correr, mientras hablamos y me emperro con tus ojos. Sangro la vida, dejo que me atraviese. Mi nombre es, y me postulo.

¿Falta de ideas nuevas? ¿Reafirmación de principios? Lo que sea.. parece que alguien se ríe tras la cortina...

domingo, 16 de diciembre de 2007

Mate amargo en el Pehoé

Mamita, mirá qué transparente!! La prueba irrefutable de la claridad del agua es esa sonrisa, mi negra... es todo lo que necesito para andar! Aquí dejo esa mochila con cola de hormiga que me hunde las clavículas. De acá en adelante, sólo cargo con mi alegría. De acuerdo, venga! Tu alegría también entraaaa!

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Eolo

Aire muerto toma impulso y se transforma. Se vuelve Brisa, aumenta su calor. Toma conciencia de sus nuevas posibilidades y, divertida, empieza a probar. Nota que ya no puede detenerse. Y Brisa se apura y empieza a llamarse Viento. Viento empieza a correr, más y más fuerte, primero de a poco, luego más bruscamente. Se asusta de lo que es capaz. Quizás -piensa- nunca hubiera debido dejar de ser Aire. Y el pensamiento le da cada vez más miedo, y le duele. Entonces se vuelve Tormenta y hace llover y llama a Relámpagos para que la acompañen en su ira y no la dejen a la deriva con su dolor. Tormenta se hizo larga. Pero logró calmarse. Nuevamente Brisa, esta vez nocturna y de verano. Aunque no olvida que puede volverse Viento frío y castigador, o Viento de lluvia, cargado de humedad y fuerza. Puede incluso penetrar el recoveco más entreverado, adoptando las formas más diferentes. Su energía está en el movimiento. Quizás sea por algo de esto que uno se siente tan vivo, cuando está de cara al viento.

Imágen extraída de http://www.liosottile.it/vista.html

domingo, 11 de noviembre de 2007

Diapos de L´américa (que los nonnos vinieron a hacer)

El imán de la Virgencita de Luján, para que nos cuide de los accidentes, y la cintita roja en el escape, porque siempre hay gente envidiosa, y no hay que tentar al diablo. El parabrisas radiante del principio, que empieza a lloverse de bichos con mala suerte. Ya estamos en la ruta, y hasta ahora, los únicos piquetes parecen ser las casillas de peaje. Kilómetros y kilómetros de alambrado: patria de dueños. En la banquina de las rutas privatizadas, el pueblo saqueado. Paremos a almorzar. ¿Menú ejecutivo o plato del día? Asado for export versus caracú en olla popular. El mate, todavía, parece ser de todos. Sigamos. Vías muertas abandonadas a la intemperie. Caseríos de atraso, abandonados a su suerte. Menos mal, no tenemos que ver todo esto. Los micros vip tienen tele y aire acondicionado, no hace falta la ventanilla. Mejor todavía es viajar de noche, así ganamos tiempo. ¡Rentabilidad, señor jefe de gobierno! Clausure cultura y arregle los baches, así los pasajeros siguen durmiendo sin sobresaltos. ¿Dónde guardé el taper de milanesas que preparó la nonna para el viaje? Uy, ¡la nonna! ¿Adónde la dejé?

martes, 7 de agosto de 2007

El grito

Es eso, exactamente. Como si estuviera cabalgando en todas direcciones. Hacia todos lados a la vez. Sin horizonte, foco o líneas de referencia. Sin Norte. Mi visión se dispersa, mi piel se estira, se dilata, se derrite. Pierdo consistencia. Mis manos sueltan las riendas, y mi cabeza cree seguir marcando el rumbo. Sin meta concreta, como esperando que la brisa traiga la respuesta. Piloto automático no ve nubes densas. Las atraviesa. El globo se esconde, se pierde de vista. Se pone a salvo, oculto por las nubes frías, opacando sus colores. No se reconoce. Se busca a sí mismo, pero busca afuera, donde ya sabe que no está. Precisamente eso: en todas direcciones. Voy desparramando mi luz de a poco, en lugar de detenerme y brillar.